Constancia de la Mora Maura tiene una calle dedicada en S. Juan, un amable pueblo de la provincia de Alicante. Esta mujer, que murió en un accidente de tráfico en el exilio, es una persona singular, por el mismo motivo que lo fueron tantas otras cuya vida atravesó la guerra civil y que, sin ella, hubieran llevado una vida mucho más tranquila, más convencional, que no les hubiera permitido sacar de si mismas todo aquello de lo que eran capaces. Me pregunto si las personas extraordinarias son causa de los momentos extraordinarios de la historia o, al revés, si unos tiempos excepcionales producen individuos ( e individuas, para ser políticamente correcto) fuera de lo común. Yo me apunto a esta segunda posibilidad. Constancia de la Mora, "Connie", era nieta de D. Antonio Maura y por lo tanto miembro de esa familia a la que también pertenecen Miguel Maura, Jorge Semprún, Marichu de la Mora, la Duquesa de Medina-Sidonia, el cineasta Jaime Chávarri, Carmen Maura... Algo fuera de lo corriente hay en el árbol genético de esta familia, capaz de dar tantos individuos singulares por distintos motivos. Casó primero con un Bolin, hermano del que facilitó a Franco el avión para que se trasladara desde Canarias al norte de Africa, cuando se inició la sublevación militar de 1936, y en cuanto la República permitió el divorcio se separó de él para, más tarde, casar de nuevo con Hidalgo de Cisneros, aristócrata navarro que llegó a ser el jefe de la aviación leal al gobierno republicano. El haber dirigido en S. Juan, en los primeros meses de la guerra civil, una institución en la que se acogían niños evacuados del Madrid asediado y bombardeado por los sublevados, debe ser el motivo de que una calle de este pueblo lleve su nombre. Más adelante ocupó responsabilidades de más alto rango; su educación en el seno de una familia pudiente le había permitido conocer varios idiomas y esto le llevó a la dirección de la oficina que se encargaba de la prensa extranjera y, al mismo tiempo, funcionaba como un gabinete de censura de las noticias periodísticas. En este tiempo, tanto ella como Hidalgo de Cisneros habían ingresado en el Partido Comunista. En Nueva York, en 1939, publicó "Doble Esplendor", un alegato disfrazado de autobiografía, a favor de la causa republicana y, recientemente, Soledad York Maura, que no sé si es familia suya, ha publicado una biografía de Connie muy crítica con aquel libro, de cuya autoría duda. La descripción que hace de los días de Connie en Valencia y el ambiente de intrigas en esta ciudad que, durante unos meses, fue capital de la República, abunda en lo que Martínez Pisón cuenta en su excelente libro sobre la muerte de José Robles. Y este ambiente tenebroso es diferente del que pinta, un poco frívolamente, Salazar Chapela en "Aquella Valencia". ¿ Dónde está la verdad?. En todos ellos, probablemente, porque la realidad es, fue, así de compleja. En la página web: www.entretodas.net, hay un interesante blog sobre Connie.
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El Gato.- Es un gato guapo, gris, con manchas blancas y negras, una larga cola y una cabeza proporcionada, con la careta blanca. Los ojos, verdes. Merodeaba por los alrededores de casa, se subía al tejado y llegó a colarse en el estudio, sin duda buscando comida. Martita, la gata negra, le espantó con dos bufidos. Desde entonces le pongo comida y agua en la parte delantera de casa y cuando voy a mirar, la mayor parte de las veces la comida ha desaparecido. En pocas ocasiones he podido sorprenderle: Se encarama en el muro y camina por el, lento, receloso. Los perros montan la gran algarabía, pero no les hace caso porque sabe que están encerrados tras la verja del jardín. El atiende solo a que, en esa parte de la casa, no haya nadie. La ausencia confirmada, se desliza por la pared y, a la mitad, de un salto, gana el suelo; luego, con la misma parsimonia se acerca a la comida. Come en un "ay", levantando la cabeza cada tres bocados para mirar receloso a su alrededor. Si oye un ruido se refugia bajo el coche y al poco asoma la cabeza; si todo está tranquilo, vuelve a comer. Cuando la alarma persiste o ha satisfecho el hambre, en dos saltos se pone en lo alto de la medianera que nos separa de los vecinos y con otro brinco, desaparece. Hoy, domingo, es el segundo día que el plato sigue lleno. ¿Por donde andará?..
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Me dijo: He roto todas las fotos antiguas en las que figuraba. Mi aspecto de entonces me recuerda las ilusiones que me hacía, ninguna de las cuales se ha cumplido.
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Inveni portum. Spes et fortuna valete. Nil michi vobiscum. Ludite nunc alios.
"Llegué al puerto. Adiós Esperanza y Fortuna. Nada tengo con vosotros. Jugad ahora con otros.¨
Epigrama del poeta alejandrino Pálades.
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Siempre la había admirado. Incluso diría que estaba un poco enamorado de ella. Por eso fué a aquella película. Era una comedia agridulce que se dejaba ver. Hasta que llegó la escena de cama. Empezó a sentirse incómodo, pero esta vez su malestar iba más allá del que sufría, habitualmente, cuando veía estas escenas. No era el sentimiento de ridículo ajeno. Y no era por la actriz, que exhibía un cuerpo envidiable para los cincuenta años largos que debía tener; si es que era el suyo.
Acabó saliendo del cine. Confuso, caminó hasta casa analizando su reacción. Y ya en el portal lo vió claro: ¡Estaba celoso!.
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Llegar no importa; lo importante es caminar.
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1.- Es frecuente en las memorias y autobiografías, que la primera parte se dedique a un ajuste de cuentas con el padre del memorialista.
2.- Cuando alguien escribe sobre un antepasado inmediato o sobre cualquier familiar, esposo, esposa, hijo, se suele decir, piadosamente, que lo hace para defender su memoria, o para dar a conocer sus méritos. Pero en realidad, se trata de buscar ese "cuarto de hora de fama" al que se supone que todos tenemos derecho, a costa de los méritos o los sufrimientos de un allegado. Aunque, a lo mejor, esta es la única herencia que se puede aprovechar.
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