D. Damian Andrés Sarmiento.
Mi homónimo fue un curioso personaje del siglo XIX que los tuvo tan desmesurados. Erudito y hombre de acción, aquella faceta predominó sobre esta última, que solo duró unos años y la que le arrojó el gran intrigante que se llamó D. Eugenio de Aviraneta. Y en esos años aventureros estuvo por estas tierras desde las que escribo.
No existe una biografía completa suya, pero si atisbos de sus actividades en la medida en que su vida cruzó la de protagonistas de más fuste de aquellos turbulentos años. Y además de esta aparición como comparsa en las venturas y desventuras de otros personajes de aquellos años turbulentos, quedan de él algunas cartas cruzadas con el político liberal D. Pedro Leguía, conservadas en el Archivo de Simancas entre los papeles de este y escritos propios, unos de recuerdos de su actuación en la primera Guerra Carlista, a los que el excesivo pudor de D.Damián priva de picante y otros de erudición histórica, parte de los cuales han sido publicados por la Junta de Castilla y Leon, dentro de una serie dedicada a escritores poco conocidos de aquella Región.
Nació D.Damián con el siglo en la villa Zamorana de Toro y fue bautizado en la parroquia de S. Julián por Fray Miguel de Santander, capuchino amigo de la familia, predicador famoso, autor entre otras obras de devoción de un libro donde recoge los sermones predicados entre 1783 y 1798 en las parroquias de Toro y Tagarabuena, publicado en Madrid en 1801 y del que guardo un ejemplar en mi biblioteca. Este fraile acabó de obispo de Segovia cuando la francesada, con el rey José y de él habla críticamente Menéndez y Pelayo en sus "Heterodoxos".
Era D. Damián de buena y antigua familia de Toro, con rica hacienda y descendiente por una rama lateral de los Ulloa. Cuando nació, su padre era Corregidor de la villa, un tío paterno coronel del regimiento que en ella tenía sus cuarteles y por la de su madre había un tío canónigo lectoral de la Colegiata y una tía abadesa en el Sancti Espíritu.
Poco se sabe de sus primeros años, aunque es de suponer que recibiría la mejor educación con preceptores privados. Luego estudió leyes en Salamanca, pero nunca ejerció, porque muertos sus padres prematuramente y heredero de pingües bienes pasó los años de la juventud en Toro, administrándolos y viviendo oscura y confortablemente.
Pero este retraimiento no le había alejado de las ideas nuevas que se enfrentaban a la estúpida tiranía de Fernando VII, porque al final del trienio liberal nos lo encontramos como alcalde de Toro. Y probablemente por esto mismo, viviendo en Francia con su esposa a finales de la década de los veinte.
En una carta al administrador de sus bienes, reclamando el envío de sus rentas, hace referencia a la delicada salud de esta señora, Dña. Mencía Meilán, y los gastos que le producía su cuidado, para justificar lo imperioso de la demanda.
Allí se movió en el círculo del viejo guerrillero Espoz y Mina y tuvo ocasión de conocer a D. Leandro Fernández de Moratín,ya próximo a la muerte.
Vuelto a España cuando murió el tirano, la tristeza por la pérdida de su esposa, a la que debía amar tiernamente y de la que no tuvo descendencia, le arrojó nuevamente de sus propiedades, de tal modo que a principios de 1837 aparece en Alicante, con el pretexto de unos embarques de trigo, pero con el encargo oculto de infiltrarse entre los simpatizantes que el carlismo tenía en este puerto. Era el gran enredador Aviraneta quien había reclutado a D. Damián, encomendándole esta misión. No debían moverle deseos de ganancia económica, porque seguía siendo un hombre acaudalado, atendiendo al "Censo de Ricos-Hombres de la muy Noble Villa de Toro" de aquellos años, si no el afán de olvidar con aquellas aventuras su reciente desgracia y las ideas liberales.
Un probable retrato suyo de aquella época nos lo muestra como un hombre de cara redondeada, frente amplia con escaso cabello, peinado con raya, barba de collar y bigotillo a lo Espartero.Ojos grandes de párpados un poco pesados, a medias tristes y a medias soñadores.
(Continuará)
